Son palabras las que nos hacen mudos, las que nos hacen estremecer cada día. Una palabra la que puede romper en añicos el hielo entre dos, o la que puede cubrir con un manto de frialdad desiertos, mares de dunas de sueños. Una palabra, muchas, telarañas de balbuceos, tinta y susurros que alguien nunca dijo.

Nada, y todo, según el cristal al que peguemos la nariz. Son como cuentos que se olvidaron de explicarnos de pequeños, lo que nos faltaba por saber para empezar a respirar sin que se convirtiese en un gesto involuntario.
Nada, como lo que somos, un cascarón sin abrir, dada la inmensidad del interior, que nos abruma.
Todo, como nuestras ambiciones, que eclipsan todos los soplidos que hicimos de pequeños, a la orilla de un río, a dientes de león.
Cuentos del todo y del nada, de todo lo que nos importa, que es el nada y de lo que nos empuja a seguir respirando, aunque no tenga sentido ni razón, que es nuestro todo.
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